lunes, 9 de marzo de 2026

Mujeres en la historia y la cultura de nuestro cantón

Por José Nelson Mármol 

En la historia de nuestros pueblos, la presencia de la mujer ha sido siempre determinante para alcanzar los proyectos y anhelos de libertad, de independencia y desarrollo de nuestro cantón, aunque los registros que escriben esas páginas guardan una gigantesca deuda, porque en las reseñas y libros que registran el caminar de nuestro pueblo se ha invisibilizado la participación de la mujer tabacundeña y pedromoncayense. De hecho, pareciera que esa historia hubiera sido forjada únicamente por varones.

Si echamos una mirada al registro de los nombres que, en su momento, impulsaron el proceso de cantonización de lo que hoy es el Cantón Pedro Moncayo, por ejemplo, no encontramos ni una sola referencia de mujeres, a pesar de que, con seguridad, fueron también puntales decisivos para lograr esa hazaña.

Esa es una deuda que merece y urge ser cancelada. Por ello, en el programa, Vivo el Arte, recorriendo Pedro Moncayo, promovido por la Extensión Pedro Moncayo, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que se llevó a cabo el sábado 7 de marzo, en la víspera de la celebración del Día Internacional de la Mujer, intenta comenzar a pagar esta deuda histórica, resaltando el aporte ofrendado por la mujer tabacundeña y pedromoncayense al desarrollo de nuestro pueblo.

En las siguientes líneas intentaré destacar algunos nombres de valiosas mujeres que han dejado su huella en nuestra historia, desde el período precolombino, pasando por la colonia y por la era republicana.

Mujeres en el período Prehispánico


Como cuna del pueblo Cochasquí, lo que hoy es el cantón Pedro Moncayo es heredero de una inmensa riqueza de tradición, cultura e historia, que debe rescatar la memoria de varias mujeres que han marcado una impronta de liderazgo, unidad, identidad, defensa de nuestro territorio, como el legado que se guarda de QUILAGO (o Quilaco), esa extraordinaria mujer cochasquí, que liderando un gran ejército, en que se aliaron cayambis, carangues, malchinguíes, cochasquíes, pastos y quillacingas, opuso una tenaz resistencia a los conquistadores del imperio incásico, por un periodo de más de dos años, con valentía, inteligencia y decisión, teniendo a Cochasquí como su fortaleza. 

Así también, de este período de la historia precolombina, debemos resaltar el nombre de Guallara, quien -según una versión histórica- era también reina de Cochasquí y habría sido esposa de “Cacha Duchicela” con lo cual se habría sellado el retorno y unidad del pueblo Puruha y el Quitu Cara.

Sin ninguna duda, esa herencia de belleza, de inteligencia, de valentía, de entrega de QUILAGO sigue latente en cientos y miles de mujeres pedromoncayenses, que, en el transcurso de la historia, han sido el baluarte del desarrollo cantonal.

En la Colonia 


Del período colonial se debe incluir el nombre de la primera Santa ecuatoriana, Santa Mariana de Jesús Paredes Flores Granobles y Jaramillo, de quien, aunque se la conoce como la Azucena de Quito, debe haber nacido en la extensa hacienda de Grabobles que sus padres tenían y que aun existe en nuestro cantón. De hecho, la tradición y la leyenda cuenta que la Santa vivió en su infancia en la hacienda y que solía salir a disfrutar de la naturaleza y del murmullo cantarino de las aguas del río Granobles y que, incluso en uno de sus paseos por las orillas del río habría resbalado y para evitar caer habría pisado en una de las piedras y que su huella ha quedado grabada en ese granito.

Por ello, se debe recuperar la vida de Marianita de Jesús no solo por su vida de santidad, sino también por la huella histórica que se conserva en nuestro pueblo, en el oratorio existente en la hacienda Granobles, en la centenaria capilla en el santuario de Mama Nati, y, porque también en se conserva el cuadro del infierno, que se presume es el original, de Hernando De La Cruz y que se cree fue donado a la amiga Mariana de Jesús y ella, a su vez, entregó a la Iglesia de Tabacundo, según comenta el historiador tabacundeño Carlos Segundo Espinosa.

La mujer en la era republicana 

En esta breve relación que intenta seguir el rastro de valiosas mujeres, en la era republicana, se debe destacar el nombre de la tabacundeña Petrona Espinosa Ortíz, madre de quien fuera presidente de la República, el Dr. Javier Espinosa.


De los años anteriores a la cantonización de Pedro Moncayo se debe buscar y extraer los nombres de centenares de mujeres que pusieron a nuestro pueblo en los más altos pedestales de la manufactura del sombrero de paja. Aunque de este periodo de florecimiento económico e industrial resulta difícil desmenuzar nombres, debemos resaltar que las manos de mujeres tabacundeñas brillaron en la manufactura del sombrero que inclusive se hizo acreedor de reconocimiento y premio internacionales.

Mercedes Castro Bastus


Otro nombre que se debe mencionar es el de la señorita Mercedes Castro Bastus, hija del Coronel José Castro, quien participó en las luchas independentistas. Precisamente, se dice, que en gratitud a su participación en la gesta libertaria, el coronel Castro recibió en propiedad la hacienda Guaraquí Chico, después hacienda Mojanda. Su madre fue la señora Carmen Bastus, “hija del Oidor de la Audiencia Juan José Bastus y Faya”, natural del reino de España. 

Mercedes, junto a su hermana Camila Castro Bastus, fueron benefactoras de La Esperanza y Tabacundo. Fue muy preocupada por la educación de las niñas de La Esperanza, Tabacundo y sus alrededores, por lo cual hizo la gestión para que las religiosas franciscanas se establecieran en La Esperanza, donde, con su donación, se construyó un convento y colegio religioso, en el que han recibido la educación primaria y artesanal varias generaciones de pedromoncayenses.

En el libro La Historia de los Pueblos, escrito por el Dr. Miguel Angel Puga, se recoge también el nombre de Manuela Simbaña, mujer indígena de vida ejemplar, dedicada a la oración y a las obras de caridad a los pobres; se recuerda su afición a tocar el arpa. De ella se cuenta que, el padre Virgilio Nieto habría recomendado a la familia Mármol Aguilar: “Cuídenle a la Manuela, porque ella es el pararrayos de Tabacundo”.

Rosa Emilia Estrella


Es de justicia rescatar del anonimato los nombres de mujeres que han dado ejemplo de valentía y trabajo mancomunado para alcanzar el progreso de nuestro pueblo, como el de la señorita Rosa Emilia Estrella, quien fue la primera mujer en ejercer el cargo de Registradora de la Propiedad, función que cumplió por varios años. Nació el 10 de septiembre de 1900. Sus padres fueron José Estrella y Emilia Espinosa. 

Se distinguió por su actitud cívica y patriótica, convocando y animando el trabajo comunitario en las famosas mingas para la construcción de la carretera Guayllabamba-Pisque-Tabacundo, para lo que apoyaba generosamente con alimentación y bebida para los mingueros. 

De la señorita Rosa Emilia Estrella se guarda especial recuerdo también por su espíritu de fe y devoción y las obras de caridad. Cómo olvidar, por ejemplo, la invitación al cafecito que hacía a las y los niños que recibían el sacramento de la primera comunión.

También se debe guardar el recuerdo de doña Luzmila Romero, fundadora y benefactora del Hogar de Ancianos que lleva su nombre.

Mujeres educadoras

Por décadas, la mujer tabacundeña ha sido pilar fundamental en la educación y cultura de 

nuestro pueblo, y su pensamiento revela con diáfana claridad en la vocación de decenas o centenares de educadoras que, en el curso de la historia cantonal han compartido generosas las luces del saber a varias generaciones de tabacundeños y pedromoncayenses. 

Sería en extremo largo y complicado destacar todos los nombres de mujeres que han dado ejemplo de vocación a la enseñanza del conocimiento, el civismo, la educación en valores y virtudes, por ello, en esta ocasión, al menos me limitaré a ofrecer breves rasgos de tres maestras que han dejado huella en el magisterio.

Hna. Rosa Angélica Romero Espinosa

Carmen Amelia Romero, nació en Tabacundo, Provincia de Pichincha el 10 de septiembre de 1920. Sus padres fueron Carlos Romero y Mercedes Espinosa, quienes la educaron en la escuela Mercedes Castro, de La Esperanza, en donde también aprendió corte y confección. A los 15 años, en agosto de 1935 ingresó a la Comunidad de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada, e inició su formación en la vida religiosa. Se consagró el 9 de marzo de 1943, en el Convento de San Diego. 

Como religiosa realizó estudios en Ciencias de la Educación en el Normal Cardenal de la Torre en Quito.

Fue profesora de primaria, catequista, Directora y Maestra de Internas, y Consejera General en su congregación. 

Trabajó en las Comunidades de Pomasqui, El Milagro, La Esperanza, Loja, Santa María de los Ángeles, Cotacachi, Sangolquí, San Diego, Salcedo, Hogar Universitario "Santa Rosa de Viterbo"; Tabacundo y El Quinche, por donde pasó sembrando la luz del conocimiento y el amor de Dios. 

Madre Rosa Angélica fue una mujer amante de la Santísima Virgen, siempre preocupada por hacer el bien, se caracterizó por el don de gentes, y mucha apertura especialmente con las autoridades; acogedora, amable y delicada, recta, con capacidad para mantener unida a la Comunidad. 

Falleció el 5 de septiembre del 2012, a los 92 años de vida.

Sor María del Carmen Estrella Aguirre


Nació en Tabacundo el 23 de junio de 1935. Sus padres fueron el señor Abel Antonio Estrella Acosta y la señora Carmela Aguirre Espinosa. Sus estudios primarios los cursó en la escuela Ecuador en Tabacundo y la secundaria en el colegio Gran Colombia en Quito.

Ingresó en el noviciado de la Congregación de las hermanas de La Providencia. A los 25 años hizo su profesión religiosa, luego de lo cual continuó con los estudios de docencia, profesión que ejerció toda su vida con amor y abnegación en especial en la primaria.

En Quito fue Directora de la sección primaria del colegio La Providencia, así también en el colegio La Inmaculada. Fue superiora y directora de la Escuela de San José de La Providencia en Quito. 

Mientras ejerció como superiora y directora realizó obra social en Tabacundo,  entregando víveres, ropa, juguetes y útiles escolares a sectores de extrema pobreza. 

Fue muy fiel a su vida religiosa, humana, firme en sus convicciones, alegre y con gran amor a su tierra. 

Durante sus vacaciones siempre volvía a su tierra natal donde mantenía frescas las tradiciones familiares. 

Falleció en Quito el 26 de enero de 2021.

Alicia Alemán Obando


Otra de las educadoras de quien se guarda un recuerdo especial, por su don de gentes y calidad humana es la samblaseña Alicia Alemán Obando, quien ha impartido el saber y los valores humanos a varias generaciones. En la Revista Nuestra Voz, de la Asociación de Tabacundeños Residentes en Quito, en 1995, al destacar el aporte de la mujer tabacundeña, la profesora Alicia Alemán escribía: “La influencia de la mujer ha sido siempre decisiva en la historia de la humanidad. Cada día y con perfiles más vigorosos la mujer va defendiendo sus derechos, a la par que cumple responsablemente sus deberes… Poco a poco la mujer fue adentrándose en las diferentes manifestaciones de la vida activa y con plena conciencia de su capacidad ha ido tomando participación más abierta”.

Finalmente, y, a riesgo de omitir varios nombres de destacadas educadoras, me permito mencionar los nombres de valiosas maestras, como Celia Torres, Elvira Cisneros, Bertha Boada, Esthela Aizaga, Teresa Cevallos (+), María Magdalena Espinosa Arévalo (+), Clemencia Polanco De La Torre (+), Carmen Peñafiel Alemán(+), entre otras.

Mujer artesana

En el ámbito artesanal se debe destacar el nombre de la señora Profetiza Hermosa.

Profetiza Hermosa


Nació en Tabacundo el 18 de febrero de 1934. Sus padres fueron el señor Antonio Hermosa y Sarita Díaz. Se destacó porque desde su temprana edad demostró su habilidad para la costura y las manualidades. 

Durante las semanas previas a la fiesta grande de San Pedro, en un pequeño taller que se encontraba en una parte del bazar Hermosa, de su padre, trabajaba febrilmente, junto a su madre, doña Sarita, en la confección de camisas, calzones y ponchos, para los campesinos e indígenas, que estrenaban sus mejores trajes, en la fiesta sampedrina.

Posteriormente, también se especializó en la confección de máscaras de diablohumas y zamarros para niños, así como en la elaboración de las coloridas banderas para los guioneros de Pascua.

Así también, de sus hábiles manos han salido decenas de tejas adornadas para los acabes de casas o los tradicionales wasipichay, entre tantos artículos de manufactura artesanal.

Falleció el 17 de julio de 2025, de 86 años de edad.